Aún recuerdo la luminosidad y numero de la pieza en la clínica; enero, 7 de la tarde, habitación 320..... También puedo recordar vívidamente el olor del espacio, la textura de las sábanas, la temperatura que bajaba en el aire. Como si fuera hoy, puedo evocar los sentimientos del minuto.... un escalofrío por la espalda al pensar en la epidurál, ansias de verla pronto y de saber como venía, temor al no saber si yo iba a lograrlo.....
-" Es hora de irse a pabellón, estamos listos" - me dijo una voz amable pero rigurosa.... De espaldas en la camilla, viví ese pasillo interminable camino al quirófano, viendo pasar los focos del techo uno tras otro. No se cuantos pensamientos pasaban por mi cabeza a la velocidad de la luz. Se acababan todas esas lunas de espera.
Con la incertidumbre de lo que me iba a encontrar, entre a ese cuarto color verde lleno de sonidos y personas extrañas para mi. Mire a mi alrededor tratando de asimilarlo todo y ahí estaba el.... su mano cálida, su solemnidad de siempre, su dulzura tan cotidiana y su autoridad eternamente respetada; esa seguridad que desde niña me entregó. Esperaba a que llegáramos, con ojos ansiosos... el no quería dejar ir ni un detalle del momento.
Perdiendo la noción del tiempo, me concentré en estar tranquila, descansando en esa mirada que emocionada desde una orilla me cuidaba .... Cómplices, como siempre, entendimos que solo quedaba esperar a que ella apareciera.....
Un gran chillido inundó nuestro tiempo.... !APGAR 10!, salió gritando por el pasillo hacia la espera. Ya todo estaba bien. Ahora comenzaba el resto de nuestras vidas.